El Valencia CF cerró el último Trofeu Taronja en Mestalla con una derrota (1-2) ante el Newcastle en un partido que volvió a dejar sensaciones contradictorias. El conjunto de Carlos Corberán arrancó con intensidad y una idea clara de juego que se tradujo rápidamente en ventaja gracias a un golazo de Ugrinic desde la frontal en el minuto 5. Sin embargo, tras ese inicio prometedor, el equipo volvió a caer en un patrón ya habitual: dar un paso atrás y ceder protagonismo al rival.
El punto clave que marcó el encuentro llegó en el minuto 35 con la expulsión de Gayà, en una acción innecesaria y desmedida para el contexto de un amistoso. La roja dejó al equipo con diez y condicionó el resto del choque, obligando al Valencia a replegarse. Aun así, el equipo logró sostenerse hasta el descanso, mostrando cierta solidez defensiva pese a la inferioridad numérica.
En la segunda parte, el desgaste y los problemas de jugar con uno menos comenzaron a hacerse evidentes. El Valencia sufrió especialmente a la espalda de la defensa, con una línea lenta en los repliegues y dificultades para ajustar las transiciones defensivas. A esto se sumó una circulación de balón demasiado pausada, que impedía progresar con claridad y facilitaba el trabajo defensivo del Newcastle.
El empate llegó tras un error grave en salida de balón de Guido Rodríguez, que regaló una ocasión clara que Wissa no desaprovechó. A partir de ahí, el partido se igualó más por demérito valencianista que por mérito inglés. El Newcastle tampoco generó un volumen alto de ocasiones, pero sí supo aprovechar los espacios y castigar en una contra para completar la remontada.
Más allá del resultado, el partido volvió a evidenciar las carencias del Valencia CF. Al equipo le falta seguridad defensiva, profundidad ofensiva, generación de ocasiones y, sobre todo, recursos en plantilla para competir con garantías. Con el inicio de Liga a la vuelta de la esquina, la sensación es clara: se necesitan fichajes y hay mucha plancha.